¿Por qué Europa debe temer mucho más la “sensatez” de Fine Gael que la “radicalidad” de Syriza?


Fecha: 10/06/2012         Autor: Yanis Varoufakis            Tradutor: Gustavo Buster           Fuente: sinpermiso

El economista griego Yanis Varoufakis explica en este artículo porqué “Votar a Syriza nos ofrece (y por “nos” me refiero a todos los europeos) la oportunidad de apretar el interruptor”.  Y eso porque, entre otras cosas, “la Eurozona no sobre

vivirá a menos que alguien obligue a Europa a poner fin de inmediato a esta ‘marcha al matadero de la austeridad competitiva’.” No se trata tanto del programa de Syriza que, entre otras cosas ha sorprendido a mucha gente al defender valientemente la renta básica universal, sino de que “el pequeño equipo de economistas políticos que van a

negociar en nombre de SYRIZA son personas moderadas y competentes, con una comprensión acertada de la cruda realidad a la que Grecia y la zona euro se enfrentan”.

  El punto de vista de los que mandan en Europa es que el problema es demasiada deuda (de los países derrochadores, como Grecia) y, por tanto, que la solución debe implicar (a) austeridad y (b) reformas estructurales (que aumenten la competitividad de los estados más débiles). El problema, sin embargo, es que este punto de vista de los que mandan es completamente erróneo y, como resultado, el tratamiento recetado esta envenenando al paciente. Si esto es así, Europa (y el mundo) tienen mucho más que temer de la “sensatez” de partidos políticos como el irlandés Fine Gael que de los “radicales” de izquierda como Syriza.

Hace unos días, los irlandeses votaron a favor de una cruel contradicción: votaron a favor del Pacto Fiscal de la UE, que es imposible de respetar y que sería catastrófico en caso de poder hacerlo. ¿En que consiste? En el compromiso de los estados miembros de que “los presupuestos de las administraciones públicas deben estar en equilibrio o tener superávit”, que “el déficit estructural anual no debe superar el 0,5 por ciento del PIB”, que si “la deuda pública supera el nivel de referencia del 60%”, se reducirá “a una tasa promedio de la veinteava parte (5%) por año como punto de referencia” y que, a falta de todo esto “el máximo tribunal de la UE será capaz de multar a un país, con una sanción equivalente a un máximo de 0,1% del PIB”.

Supongamos que todos los ciudadanos europeos adoptan el Pacto Fiscal como único principio rector de sus vidas. Si España, Italia, Portugal, Irlanda, Francia, Grecia, Alemania, etc. (es decir, países con una deuda muy por encima de 60% del PIB) redujeran su deuda en el 5% anual estipulado, ello implicaría que todas estos estados deberían transformar un déficit primario medio del 2,8% en algo parecido a un superávit primario del 6%. Supongamos que pudieran hacerlo (lo cual, por supuesto, no pueden). En caso de tener éxito, el resultado sería una recesión muy profunda, de al menos un 4,5% negativo en el “crecimiento” medio de la zona euro. En pleno apogeo de una crisis bancaria, con la periferia en caída libre, el crecimiento de EE UU temblando, China desacelerando, etc… provocar a través de este pedazo de “legislación” una recesión tan profunda es el equivalente macroeconómico de suicidarse.

Así que, ¿por qué el gobierno de Dublín del Fina Gael ha apoyado con tanta fuerza semejante estupidez dañina? ¿Y por qué los votantes irlandeses, listos y espabilados como cualquier otros, se pronunciaron por el , a pesar de su tradición de decir No a la euro-estupidez? La respuesta es simple: fueron chantajeados. A los votantes irlandeses se les dijo: votad No y se acaba el flujo de dinero de la troika. Y por eso votaron , aunque sospecho que ningún ministro del gobierno, ningún miembro del Fina Gael o del Partido Laborista, ningún hombre o mujer de la calle cree que el Pacto Fiscal que votaron tiene el menor sentido.

Lo mismo ocurre ahora en Grecia. Los votantes están siendo bombardeados por los medios de comunicación exactamente con el mismo dilema: Si vota por Syriza, en lugar de uno de los partidos pro-rescate, dejará de fluir el dinero de la Troika y se desatarán todos los males del infierno. De hecho, el mismo escenario tiene lugar por doquier en Europa. En España, el desventurado gobierno del Sr. Rajoy se pronunciaba hasta ayer en contra de los eurobonos con el fin de permanecer “correctamente” del lado de la señora Merkel, con la vana esperanza que los bancos españoles se mantendrán a flote sin verse obligados a recurrir al ignominioso rescate del Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM). El Sr. Monti de Italia implora a los griegos que voten a los partidos “sensatos”, a pesar de saber muy bien que este tipo de “sensatez” implica políticas que constituyen un castigo cruel, inusual y poco eficaz. Y así sucesivamente.

Desde hace dos años he defendido que Europa está siendo empujada, país a país, por el acantilado de la austeridad competitiva; sin que vaya a quedar en pié ninguno de sus estados miembros al final de este terrible proceso. Algo debe poner fin a esta locura. Debe haber un interruptor. Irlanda podría haber sido ese interruptor, si hubiera votado un rotundo No a la cretinez del Pacto Fiscal. Pero no fue así. El temor, por un lado, de que Irlanda quedase excluida del ESM y su consagración, por otro, como “presa modelo” de la Troika en el Panteón de las virtudes de Irlanda ante sus ciudadanos, fueron responsables de que la locura (en forma de a un pacto que todo el mundo sabe que es la idiotez misma) prevaleciera. En Grecia está depositada ahora la esperanza de que la Razón obtenga una victoria tardía.

Si el 17 de junio los griegos votan como los irlandeses la semana pasada (es decir, contra su mejor criterio y guiados por el miedo y el chantaje), la zona euro se convertirá en historia, con terribles consecuencias para la economía mundial. No es un caso más de chantaje de los “reyes filósofos” para que la plebe haga lo que tiene que hacer. Es más bien el de los “locos al timón”, por citar a Keynes, que no sólo dirigen el buque hacia las rocas, sino que se entretienen además en hacer agujeros en los chalecos salvavidas que pudieran salvarnos después del naufragio. No hay más que escuchar lo que aconsejan a los griegos; que para permanecer en la zona del euro, Grecia debe:

(a) seguir pidiendo préstamos de rescate al ESM al 4% (y aumentando la deuda pública de Grecia) con el fin de pagar el BCE (que obtiene así un beneficio del 20%, gracias al hecho de que había comprado con anterioridad bonos griegos con un descuento del 20% al 30%);

(b) reducir el gasto público 12.000 millones de euros para tener el “privilegio” de pedir dichos prestamos adicionales para poder incrementar los beneficios del BCE a través de unas operaciones que conllevan la quiebra de Grecia.

Si Satán en persona quisiera expulsar a Grecia de la zona euro, no hubiera podido diseñar un plan más  diabólico. Mientras tanto, lo mismo sucede en España, donde se obliga al gobierno a pedir prestado dinero (casi al 7%), que obtiene con gran dificultad, con el fin de sanear unos bancos que piden préstamos al Banco Central Europeo (al 1%) para prestar al gobierno español (al 7%), de modo que éste pueda … rescatarlos. ¡Ni la mente más retorcida podría imaginar algo así!

En conclusión, los pueblos de Europa están siendo arrastrados al matadero. Y lo saben perfectamente, porque comienzan a vislumbrar cual es el final del camino. Pero tienen demasiado miedo de escaparse, de que los devuelvan al rebaño a palos, de perderse en el bosque y otra infinidad de razones que solo comprenden las ovejas y los corderos. Sin embargo, la única manera de frenar esta marcha hacia la muerte es que alguien se llene de coraje y lo intente. Que se escape y demuestre a todos los demás que la marcha puede y debe parar, en beneficio de todos. ¿Quién es ese alguien? Los europeos no tenemos muchos opciones. Como he dicho antes, los irlandeses tuvieron la oportunidad, pero no la aprovecharon. En dos semanas, será la de los griegos. Votar a Syriza nos ofrece (y por “nos” me refiero a todos los europeos) la oportunidad de apretar el interruptor. Una oportunidad de decir: ¡Basta! Es hora de cambiar de rumbo para salvar la zona euro y evitar la Gran Depresión Posmoderna que nos engullirá si salta en pedazos el sistema euro.

¿Debemos tener miedo del “radicalismo” de Syriza? Mi respuesta es un rotundo No. Recomiendo (incluso a los que entienden griego) que no lean su programa. No vale ni el papel en que está escrito. Aunque esta lleno de buenas intenciones, esta huérfano de detalles, lleno de promesas que no puede cumplir (la más importante, que acabará con la austeridad), un batiburrillo de políticas sin orden ni concierto. Simplemente, ignórenlo. Syriza es un partido que tenía que transformarse, en cuestión de semanas, de ser una aglomeración política periférica que luchaba por entrar en el Parlamento (superando la barrera del 4%) a un partido importante que puede tener que formar gobierno. Es, en muchos aspectos, un “trabajo en progreso”, como también su insípido Programa. No, la razón por la que Syriza es una apuesta segura es triple:

En primer lugar, porque es probablemente el único partido que “entiende”, que comprende (a) que Grecia debe permanecer en la zona del euro (a pesar de sus evidentes fracasos), y (b) que la Eurozona no sobrevivirá a menos que alguien obligue a Europa a poner fin de inmediato a esta “marcha al matadero de la austeridad competitiva”.

En segundo lugar, porque el pequeño equipo de economistas políticos que van a negociar en nombre de SYRIZA son personas moderadas y competentes, con una comprensión acertada de la cruda realidad a la que Grecia y la zona euro se enfrentan (y, no, no soy parte de ese equipo, pero los conozco).

En tercer lugar, porque, en cualquier caso, un voto a Syriza no va a permitir un gobierno monocolor de Syriza. Ningún partido, incluyendo Syriza, estará en condiciones de formar un gobierno monocolor. La pregunta es si Europa estará mejor con un gobierno en Atenas que incluya a Syriza como principal componente o con uno apoyado por los desacreditados partidos que han apoyado el rescate, con Syriza al frente de la oposición. No me cabe duda alguna de que los intereses de Europa serán mejor servidos por la primera opción (1).

Nota:  (1) En una nota de humor, tal vez podamos citar al propio Pacto Fiscal como una razón más para apoyar un gobierno de Syriza. Uno de los artículos del Pacto, después de todo, establece que “los estados miembros se comprometen a adoptar las acciones y medidas necesarias para el buen funcionamiento de la zona euro para la consecución de los objetivos de fomento de la competitividad, promoción del empleo, sostenibilidad de las finanzas públicas y reforzamiento de la estabilidad financiera”. En mi opinión, todo ello requiere decir No a la lógica del “rescate” y, por tanto, Sí a la lógica de Syriza.

Yanis Varoufakis es profesor de Economía en la Universidad de Atenas.

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