Malvinas


Autor:  FEDERICO STORANI ( ex Ministro del Interior )

Fuente: Diario Clarin

 

La persistencia de un enclave colonial británico en el Atlántico Sur se debe tanto a la errática estrategia argentina como a la voluntad de una nación en decadencia. Sólo la acción coordinada y constante permitirá encontrar una solución al conflicto.

Luis Pentrelli fue un futbolista que popularizó la expresión “toco y me voy” (touch and go). Culminó su carrera en el Racing Club por la década del 60; tal vez por eso, la Presidenta eligió repetir la frase aludiendo a la presunta estrategia inicial en Malvinas, como un homenaje a El, fanático de Racing. Además, la Presidenta anunció la publicación del Informe Rattenbach e instruyó al canciller para que presente una denuncia contra Gran Bretaña ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas por la militarización del Atlántico Sur.

El escenario montado, la concurrencia y la Nación merecían más.

La presentación del canciller Timerman ante el Secretario General de la ONU Ban Ki-moon, y sus declaraciones frente al periodismo ofreciendo como prueba fotografías de aviones británicos situados en las Islas, que podrían alcanzar el territorio de varios países de América del Sur (Argentina, Chile, Uruguay y el sur de Brasil), resulta extremadamente superficial. Un verdadero “touch and go”.

El drama colonial de Malvinas es que se encuentra estancado entre los arrebatos de la estrategia argentina y la voluntad de una nación en decadencia. A los británicos, les importa nada el destino de los habitantes de Malvinas, como lo demostraron durante décadas. Esperan que resulte económicamente redituable la explotación petrolera. En tanto, acechan desde el enclave colonial la Antártida, enorme fuente de recursos y la mayor reserva de agua potable.

El primer ministro conservador, David Cameron, sueña con ponerse la peluca de Margaret Thatcher, “la dama de hierro”, quien evaluó la alternativa nuclear durante la guerra de Malvinas y cometió el crimen de ordenar el hundimiento del Crucero “General Belgrano”. Cualquier recurso era válido para recomponer su imagen y atar con alambre el imperio.

“Broken britain” (Gran Bretaña rota), en decadencia es peligrosa. Los estallidos de violencia en su territorio el año pasado revelaron que el 20% de los jóvenes entre 16 y 24 años están desempleados y que se batió el récord de rechazo de aspirantes a las universidades.

Un informe de UNICEF del año 2007 ubica a los niños británicos en el último lugar entre los países desarrollados, en el denominado “bienestar subjetivo”, es decir, familia y relaciones interpersonales, pero primero en “riesgos conductuales” que incluyen acoso escolar (bullying), consumo de drogas y alcohol.

El otrora “taller del mundo” (the workshop of the world), como se la conoció a Gran Bretaña, dio lugar a una sociedad cohesionada y solidaria, que “revolución conservadora” mediante ha aumentado a niveles sin precedentes la brecha entre ricos y pobres, donde su poderosa industria fue sustituida por la actividad financiera gobernada por la codicia. Decadencia moral, como dijo el propio David Cameron cuando era opositor.

Pero los laboristas también han decepcionado. Los que nos ilusionamos cuando asumió Tony Blair y con la “tercera vía” de Anthony Giddens comprobamos que continuó el cambio negativo del período Thatcher-Major.

Además, se convirtió en el “caniche toy” de George W. Bush, como aliado incondicional de sus intervenciones para combatir “el eje del mal”, con el agravante de manipular documentos (Irak, 2003) para justificar las aventuras militares.

La pérdida de influencia del Reino Unido en el mundo y el cálculo especulativo con el que actúa se comprobaron en la crisis de la eurozona. Sin embargo, no deben ser subestimados, menos aún cuando podrían estar tentados a montar una provocación que desvíe la atención de su difícil realidad.

Este panorama requiere creatividad y continuidad en nuestro reclamo.

A tal fin sugiero:

1. En cada Asamblea General de Naciones Unidas proponer la siguiente fórmula: “instar a que las partes (el Reino Unido y la Argentina) discutan el futuro de las Islas en todos sus aspectos”. Tiene la ventaja de que ya ha contado con la aprobación apabullante de la inmensa mayoría de los países del mundo.

2. Instruir a los embajadores argentinos para que organicen actividades alusivas a la cuestión, con el objetivo de mantenerla viva.

3. Que los legisladores presenten proyectos similares en el Parlamento Latinoamericano y la Unión Interparlamentaria Mundial.

4. Invitar a legisladores y a académicos británicos a visitar nuestro país para discutir la cuestión con pares argentinos.

5. Elaborar una agenda política de los países del Mercosur, que incluya el tema como permanente.

Sólo la acción coordinada y constante dará oportunidad a la paz, en beneficio de todos: los habitantes de las Islas, el Reino Unido y la República Argentina.

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